Imagina que un cliente te pregunta por todos los productos que tienes disponibles.

Le envías algunas fotos por WhatsApp. Después recuerdas que tienes más productos y mandas otras imágenes. El cliente pregunta por un precio, luego por otra presentación y finalmente te pide que le envíes nuevamente la información porque ya no encuentra el mensaje.

Si tienes pocos productos, quizá no parezca un problema.

Pero cuando el negocio empieza a crecer, también crece la cantidad de información que necesitas compartir.

Y ahí aparece una pregunta: ¿seguir utilizando un catálogo tradicional o dar el paso hacia un catálogo digital?

El catálogo tradicional todavía tiene su lugar

Los catálogos impresos han acompañado a los negocios durante muchos años.

Una tienda puede tener un catálogo físico para mostrar sus productos a los clientes que visitan el establecimiento. Es tangible, sencillo y no depende de una conexión a internet.
Pero tiene una limitación importante: cada cambio cuesta tiempo.

Si cambia un precio, se agota un producto o llega uno nuevo, el catálogo impreso no cambia con él.

Y cuando tienes varias páginas, varias sucursales o muchos productos, mantener toda esa información actualizada puede convertirse en un trabajo constante.

¿Qué cambia con un catálogo digital?

Un catálogo digital lleva la información de tus productos al lugar donde tus clientes ya están: su teléfono.

Pueden consultar productos, precios, fotografías y otra información desde un enlace, sin necesidad de recibir decenas de imágenes o mensajes.

Y para el negocio, actualizar la información puede ser mucho más sencillo.

Un producto cambia de precio.

Se agrega uno nuevo.

Otro se agota.

El catálogo puede actualizarse sin tener que volver a imprimirlo.

No se trata de reemplazarlo todo

Tener un catálogo digital no significa que debas dejar de utilizar el tradicional.

Para algunos negocios, ambos pueden complementarse.

El catálogo físico puede funcionar dentro de la tienda, mientras el digital permite que el cliente consulte los productos desde cualquier lugar y los comparta fácilmente con otras personas.
La elección dependerá del tipo de negocio, la cantidad de productos y la forma en que tus clientes realizan sus compras.

Y algo importante: no solo cambia la forma en que muestras tus productos. Cambia la forma en que los clientes pueden acceder a ellos.

Tu catálogo es mucho más que una lista de productos.

Es una ventana hacia tu negocio.

Y mientras más fácil sea para un cliente conocer lo que tienes, comparar opciones y encontrar lo que busca, más sencillo será avanzar hacia una compra.

Porque vender también consiste en facilitarle el camino al cliente.

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